La Cuaresma siempre nos despierta. Es como una campana suave pero firme que resuena en el corazón y nos recuerda que la vida no puede vivirse en piloto automático. No estamos hechos para la indiferencia, sino para el amor concreto. No estamos llamados solo a sentir, sino a actuar.
A veces creemos que convertirnos es simplemente cambiar algunas costumbres, rezar un poco más o hacer algún pequeño sacrificio. Y todo eso es bueno. Pero la verdadera conversión toca algo más profundo: nuestra manera de mirar al otro, de comprometernos, de sostener lo que construye esperanza.
El Evangelio no se anuncia solo con palabras bonitas. Se anuncia cuando alguien decide dar un paso más. Cuando en lugar de decir “qué lindo proyecto” dice “cuenten conmigo”. Cuando comprende que su aporte aunque parezca pequeño, tiene un peso eterno en la vida de otros.
La misión no se sostiene sola. Se sostiene con corazones que creen. Con personas que entienden que evangelizar hoy implica creatividad, constancia y también recursos concretos. Cada gesto de generosidad es una forma silenciosa pero poderosa de predicar.
Esta Cuaresma puede pasar como una más… o puede convertirse en un punto de inflexión. Puede quedarse en una emoción pasajera o transformarse en compromiso real.
Dios no necesita nuestras cosas; nos quiere a nosotros. Pero cuando le ofrecemos lo que somos y lo que tenemos, Él lo multiplica. Siempre lo multiplica.
Tal vez hoy la pregunta no sea “¿qué puedo recibir?”, sino “¿qué puedo entregar para que otros encuentren esperanza?”.
Porque es tiempo de actuar. Y cuando actuamos por amor, nada es pequeño.
Pbro. Martín Ávalos
Párroco, Parroquia Madre del Salvador / Presidente, Fundación Dei Verbum