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Reflexión de Pascua: vivir como resucitados cada día

2026-04-07 19:05:01
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Imagen de Reflexión de Pascua: vivir como resucitados cada día
Queridos hermanos y hermanas, Hemos comenzado el tiempo de Pascua, y no es simplemente un día que pasó en el calendario. La Pascua es un camino, una invitación a vivir durante toda la semana —y toda la vida— desde una certeza que lo cambia todo: Cristo está vivo. El Evangelio de estos días nos pone frente a una escena que sigue siendo profundamente actual. Aquellas mujeres que fueron al sepulcro con tristeza, con miedo, con el corazón cargado, escuchan una pregunta que atraviesa los siglos: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24,5). Y vale la pena detenernos… porque esta pregunta también es para nosotros. ¿Cuántas veces vivimos como si todo estuviera perdido? ¿Cuántas veces dejamos que el desánimo, las preocupaciones o las heridas nos hagan creer que ya no hay nada nuevo por esperar? A veces, sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir “entre sepulcros”: situaciones que nos quitan la alegría, pensamientos que nos encierran, rutinas que nos apagan el alma. Pero la Pascua viene a sacudirnos. Nos recuerda que Dios no actúa desde la muerte, sino desde la vida. Que Él siempre tiene la última palabra… y esa palabra es vida. San Pedro, en los primeros anuncios de la Iglesia, proclama con valentía: “A este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos” (Hch 2,32). No es una idea, no es un consuelo vacío. Es una realidad que transforma. Ahora bien, la gran pregunta de esta semana es: ¿qué significa vivir como testigos de la Resurrección hoy? No se trata de hacer cosas extraordinarias. A veces pensamos que para vivir la fe necesitamos grandes gestos, pero la Pascua se juega en lo cotidiano. En cómo miramos al otro, en cómo enfrentamos las dificultades, en cómo elegimos no quedarnos en la tristeza. Vivir como resucitados es animarse a creer que siempre hay un “después” de la cruz. Que incluso en medio de problemas, Dios está trabajando en silencio. Que incluso cuando no entendemos, Él no abandona. San Pablo lo expresa de una manera muy concreta: “Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba” (Col 3,1). Es decir, no se queden atrapados en lo que pesa, en lo que limita, en lo que oscurece. Levanten la mirada. Hay algo más grande, más profundo, más lleno de sentido. Durante esta semana de Pascua, tal vez podríamos hacernos algunas preguntas simples pero sinceras: ¿En qué aspectos de mi vida necesito dejar que Dios traiga vida nueva? ¿Dónde estoy perdiendo la esperanza? ¿A quién puedo acercarme para llevarle un poco de esa luz que Cristo me regala? Porque la Resurrección no es solo para uno mismo. Es un don que se comparte. Un cristiano que ha experimentado la Pascua no puede quedarse encerrado en sí mismo. Naturalmente se vuelve luz, consuelo, presencia para otros. Y no porque sea perfecto, sino porque sabe que Dios actúa incluso en su fragilidad. Tal vez hoy no todo en tu vida esté bien. Tal vez haya preocupaciones, dudas, cansancio. La Pascua no niega eso. Pero sí te dice algo fundamental: eso no es el final. Dios puede hacer surgir vida incluso ahí. Por eso, en esta semana, no tengas miedo de dar pequeños pasos. De volver a empezar. De abrir el corazón. De dejar que la gracia de Dios entre, aunque sea en silencio. Porque la Pascua es esto: es descubrir que la vida siempre puede renacer, que el amor es más fuerte que el miedo, y que Dios nunca deja de caminar con vos. Que el Señor resucitado te encuentre, te levante y te regale una esperanza nueva en estos días. Amén.
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